LABORATORIO DEL GUSTO EN ZEGAMA (GIPUZKOA)

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Entre los actos organizados entorno a la Feria de San Martín, tuvimos la ocasión de dirigir un Laboratorio del Gusto, en la Sociedad Amezti de Zegama (Gipuzkoa), el pasado 12 de noviembre.El acto, sencillo en su realización, contó con la participación de una veintena de vecinos del pueblo y resultó muy clarificador y un medio muy apropiado para difundir las bases de la filosofía del movimiento Slow Food. Para ello, dimos una charla introductoria sobre las ideas en las que se basa nuestro movimiento y sobre el objeto que pretende el Laboratorio del Gusto.

 Seguidamente, catamos tres mieles diferentes:

 – castaño : miel producida por Miren Lizasoain en Arbeiza (Nafarroa)
 – acacia : miel producida por Pedro Mª De la Iglesia en Irura (Gipuzkoa)

– mil flores : miel producida por Fraisoro en  Zizurkil (Gipuzkoa)

 Estas mieles fueron traídas y presentadas por Julián Urkiola (Presidente de la asociación de apicultores de Gipuzkoa).Nos transmitió la importancia de las abejas para la agricultura, debido a su papel en la polinización. También de su preocupación por la invasión de unas avispas que empiezan a destruir las colmenas gipuzcoanas. Y en general nos habló de la problemática del sector.

Un animado momento del Laboratorio del Gusto.

Jorge García, del caserio Altzuka, que se dedica en exclusiva a la agricultura ecológica, vendiendo su producción por Internet, nos trajo a probar alubias del país y berza. Tuvo ocasión de comentarnos su experiencia de “nuevo agricultor”.

Mari Paz del Caserio Oltza, nos trajo a probar  queso de oveja latxa y cuajada (mamia, en vasco). También nos habló de la vida de los pastores y en especial del  papel de la mujer en el pastoreo.

Un tarro de miel durante la cata.

Para poder catar todos estos productos, degustamos sidra del caserio Otatza.

 El Laboratorio del Gusto sirvió para poder apreciar las características propias de cada producto, intentando desarrollar nuestras capacidades gustativas. Pero también para poder hablar directamente con los productores y de esta forma preguntarles nuestras inquietudes y compartir con ellos la voluntad de mantener este tipo de explotaciones tan lejanas de la macroindustria alimentaría mundial. Los pequeños productores son los que conservan la esencia de nuestra historia cultural gastronómica, y los consumidores debemos apoyarles, consumiendo sus productos. Es la única vía de poder luchar a favor de la biodiversidad.

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